viernes, 15 de abril de 2011

VIVIMOS ENGAÑADOS


"Las desigualdades de la estructura no son producto de la economía, sino de la falta de valores y de moral en la sociedad". Aplaudo el hecho de que Durkheim haya sido capaz de decir algo que ya tocaba oír. Sí, la economía ha demostrado que no puede sostenerse por sí misma, pero el problema es que no vemos lo que hay detrás del capitalismo: una falta total de moralidad en la sociedad actual.

La llamada democracia o capitalismo controlado por el Estado en busca de un estado de bienestar debería valernos para llevar una vida plena, satisfactoria. Pero no es así, vivimos engañados. La pseudodemocracia en la que nos encontramos no es otra cosa que un capitalismo puro vestido de ligeras leyes de igualdad que intentan que nos creamos. Nuestra democracia se mueve por dinero, un dinero que moldea nuestra moralidad, que hace que el más fuerte aplaste al más pequeño, sólo por unos billetes verdes más. Como dijo Quevedo: "Poderoso caballero es don dinero".

Por otro lado, el comunismo defendido con fervor tampoco creo que sea un planteamiento totalmente negativo. En sus bases, el comunismo promulgaba la hermandad a través de la repartición, de unos mínimos asegurados. Pero como todo, la práctica difiere totalmente de la teoría. Los dirigentes de este tipo de economía masacran al pueblo a propaganda política y favorecen la sumisión y la falta de metas y conocimiento.

Ahí radica el problema: el Estado defiende las estructuras de poder, defiende a los más altos cargos, se defiende a él mismo, con el motor del dinero. ¡Ah! Y en última instancia defiende al pueblo, un pueblo que le da de comer y que le da lo más importante: su voto de confianza para cambiar y mejorar la realidad. El Estado debería preservar los valores morales, guiarnos por ese camino.

Claro que todo esto se puede relacionar con la publicidad. La publicidad, como los medios de comunicación, baila al son del gobierno, de la economía y juega con nosotros dándonos esperanzas de felicidad. La publicidad nos entretiene, nos divierte, hace que nuestra mente olvide lo importante y se reduzca a pensar en cómo satisfacer unas necesidades inexistentes. Ya no vivimos en el mundo, vivimos en el primer mundo; del resto, no sabemos nada.

Para decir todo esto, hubo un documental que me abrió los ojos: Zeitgeist. Está claro que no puedo afirmar con total seguridad que lo que se dice en él sea verdad, pero desde que lo vi todo me cuadra, todas las fichas encajan hasta formar el mundo en el que vivimos. Las fantasías de las novelas que hablaban de unos seres que dominaban el planeta, que movían nuestros hilos, se ha hecho realidad: somos millones y millones de seres humanos que alimentan a unos pocos. La publicidad mueve fronteras.

Al igual que Durkheim, este documental (unido a otros) también habla de una división de trabajo, una división de trabajo en la que creo férreamente. Si no hay trabajo se reparte, si no hay dinero, también. No puede ser que alguien trabaje a doble jornada y otro se esté muriendo de hambre; no puede ser que alguien se limpie con billetes de 500€ mientras otros no tengan dónde caerse muertos. ¿Dónde está nuestra moral, nuestra conciencia y nuestro altruismo? No deberíamos dejar que unos pocos decidan por todos, es necesario cambiar nuestra moral, humanizarnos. Lejano veo el día en que el egoísmo se torne en la búsqueda del bien común.

Anteriormente he nombrado a los medios de comunicación, equiparándolos con la publicidad, creo que no miento. Los medios de comunicación muestran lo que quieren, no son objetivos, nunca lo han sido ni nunca lo serán. Por lo tanto, nos informan de lo que interesa al dinero, a la economía y de vez en cuando a los intereses ideológicos de la cadena o del Estado. Nos muestran un espectáculo, nos alejan de la realidad aunque supuestamente nos informen de ella. Los medios de comunicación muestran lo que puede crear audiencia: o banalidades o desgracias. Mucho Gadafi y poco Costa de Marfil, pero claro, allí no hay petróleo, así que nos hacen mirar hacia otro lado.

En cuestión de entretenimiento, poniendo como ejemplo la televisión, ésta no hace otra cosa que hablar de un extremo o de otro: ricos o pobres (véase Callejeros), ése es el entretenimiento que nos ofrecen, ésa es su visión de la sociedad española. Unos nos tienen que hacer sentir peor y otros mejor, así nos mantienen callados. Aunque creo que directamente no nos reproducen la estructura de la sociedad española, simplemente nos tapan los ojos con un velo y, ya de paso, nos divierten.

Resumiendo: la publicidad, como ya he dicho en otras ocasiones, no hace otra cosa que seguir al dinero, diciéndonos cómo vivir, arrebatándonos toda moralidad e identidad. Pero, ¿qué esperamos? ¿Que surja una publicidad utópica que nos guíe por el camino del bien común? Ojalá; aunque si llegase ese día, decid adiós a la publicidad.


Leticia Soler López

Los problemas de la sociedad no son materiales sino morales.

Los problemas de la sociedad no son materiales sino morales.
 
Según Durkheim los problemas de la sociedad no son los materiales sino los morales. En las sociedades desde que el humano existe ha habido conflictos y por supuesto problemas sociales. Es en esta sociedad donde nos encontramos por primera vez con tal posesión de bienes materiales. Lo que significa que la llegada de estos no fue el principio del problema. Tampoco son producto de la economía, que sin duda es su mejor momento, nunca había existido tanto dinero como en esta década. Por lo que se puede plantear como confirma Durkheim que el problema de la sociedad en son un problema de valores y de moral. Y la publicidad precisamente es el reflejo de esa sociedad.
Los valores de las sociedades son inculcados generación tras generación, que constan de ideas, necesidades, miedos, dudas, mandatos, hambre, religión… en fin un sinfín de características que dirigen la sociedad. Pero estos no hay que cambiarlos sino que hay que mejorarlos desarrollarlos. Y esto creo que es lo que debería intentar hacer la publicidad, para que esta no tuviera los mismos problemas que la sociedad, y de algún modo pueda hacer que estos mejoren.  Y los valores de esta sociedad es ser guapo y rico. Tener objetos materiales caros, lujosos, es lo más importante para hacerte un hueco en este mundo. Y esto refleja la sociedad, tenemos anuncios como la colonia de ONE o los anuncios de L´Oreal donde lo lujoso y ser guapa es lo más importante. Pero luego tenemos anuncios que aunque sean con ánimo de lucro igual, expresan otro concepto, porque también es un producto para un público con economía baja media, y es IKEA, donde su eslogan y lo que quieren trasmitir es:  “No es más rico el que más tiene sino el que menos necesita”

¿Es esto un cambio?, ¿Quieren trasmitir un nuevo valor?
Creo que tanto la sociedad como la publicidad están cambiando pero taradará como todo. Estamos dando pasos muy importantes en la sociedad. Los miedos de hace años están desapareciendo, y uno de los que más se destaca es la homofobia. Pero en cierto modo no se da paso a esto en la publicidad. Es decir aun no está del todo solucionado, y como ya he dicho los cambios se producirán poco a poco.
Y no queramos reconocerlo pero los medios masivos siguen reflejando los estereotipos del hombre y la mujer en muchos anuncios, pero estos también están cambiando como en la sociedad.
Un medio completamente unisex es sin duda internet es decir las nuevas tecnologías. Es este medio da igual de que sexo seas y de que clase social seas, todo el mucho tiene derecho a internet y expresarse.
En conclusión la publicidad masiva debería coger ejemplo de las Nuevas Tecnologías y empezar a hacer a nuncios que aunque sean siempre con la necesidad de vender y crear estereotipos tengan un mensaje con cambios, los mismos cambios que esta sufriendo la sociedad lentamente.
Y cintando a Durkheim :
La estructura de la social debe basarse la desigualdad interna frente a la externa:
Desigualdad externa: imponen las diferencias sociales, individuales, estatus adscrito.
Desigualdades internas: Basadas en el talento individual (status adquirido). El sistema funcionaría en la medida en que fuera el merito el que marcara las diferencias sociales.
Para poder mejorar nuestra sociedad que es como un “sistema holístico” hay que empezar por cambiar uno mismo.
Victoria Sampietro Tolosana.


domingo, 10 de abril de 2011

En busca de la aleación perfecta con la que mover el mundo


Estamos en crisis. Bien sabido es. Pero lo que no es tan conocido es que nuestra sociedad se define perfectamente con el paradigma de Max Weber: el auge de la dominación burocrática. Sabemos que en nuestra sociedad, tal y como comenté en entradas anteriores, hay desigualdad de acceso a la cultura: al cine, museos, teatros… Que para los grupos de renta alta (clase alta según H.Kerbo) no supone un problema, pero para los de renta mediana o baja sí (clases medias y trabajadoras). Lo mismo sucedía al comprarse una vivienda o pagarse la medicina. Pues bien, éstas diferencias que en la publicidad se ven reflejadas según el público objetivo al que se dirigen los anuncios, no existen únicamente a nivel económico. Es cierto que se ve claramente a que clase social pertenece el siguiente estereotipo de hombre del anuncio de Mercedes que se muestra a continuación:



Pero a veces, el estereotipo cambia, y el target se abre a nuevas fronteras, pasa de ser clase alta o clase corporativa a poder ser clase media e incluso clase trabajadora. Lo importante es el estatus que se mantiene con ese producto. Véase este anuncio:


Como decia entramos en una diferenciación no sólo a nivel económico según las teorías marxistas, sino también de estatus, algo más cercano a lo que vemos actualmente en publicidad. Tal y como veía Weber en su estratificación es muy importante el prestigio que te puede otorgar un producto. Puede ser una compra inteligente por la seguridad que aporta y la elegancia que transmite, siendo éste el estatus que adquieres al relacionarte con ese producto y por el cual pagarás ese plus añadido. Acordémonos del anuncio de Mercedes, lo principal es el estatus que te genera. El estilo de vida específico de todos aquellos que pertenecen a un mismo círculo social. Y los círculos sociales, gracias a la publicidad, están muy marcados por la capacidad de cada uno para cumplir con un conjunto de ideales o principios para un determinado grupo social, ya sea perteneciendo económicamente a ese grupo o bien haciendo un esfuerzo económico para sentirse reconocido en ese grupo, como bien es sabido, teniendo un Mercedes y viviendo en un piso de 50m2. Hoy en día es fácil escalar en la sociedad, hay una mayor movilidad social que nos permite acceder a niveles superiores en la estructura. Sin embargo el conflicto sigue existiendo, pues las clases altas han evolucionado y han creado herramientas burocráticas para asegurarse su posición. Y la publicidad política ha tenido un gran papel. Como decía en mi anterior entrada, ha sido utilizada para encubrir y manipular a los votantes. Se habla hoy en día de integración de los inmigrantes, en ambos bandos de la política española (que sirven de legitimación ideológica), cuando éstos tienen contratos que no cumplen con el salario mínimo interprofesional fijado por ley (ley que legitima la desigualdad de las clases sociales españolas al haber un mínimo de acuerdo al estado de bienestar). Los inmigrantes, tal y como decía, no se quejan de su situación debido a la relación de sumisión al poder que mantienen con los terratenientes, los dueños de las tierras, y a la poca cultura que han adquerido. Y esta visión hay que tenerla en cuenta, pues existen conflictos derivados de las desigualdades de poder. Cuanto mejor está ubicado un individuo en los niveles con acceso al poder más influencia hará de ella y más estancados dejará a los que menos acceso tienen a ese poder. Se tratá de corrupción, nada más actual en la publicidad política de hoy en día. Un ejemplo es la firma anticorrupción del PP, de la que luego unos cuantos de los firmantes (incluido el presidente de la Generalitat Valenciana) están imputados por supuesta corrupción política. Un evento publicitario (la firma: http://www.publico.es/364946/el-pp-ve-muy-bien-que-camps-firme-el-manifiesto-anticorrupcion) que a través de los hilos del poder pretendía proteger a los que están en lo más alto del reparto estratificado social, controlando el poder gracias a los votos de los engañados ciudadanos y con ello continúan evadiendo a los jueces, y saltandose normas morales y legales “http://www.publico.es/espana/370617/rajoy-se-fuma-un-puro-en-un-partido-de-ninos” (o como ocurre con Fabra, de la diputación de Castellón, publicitando como algo positivo un derroche de dinero: “http://www.publico.es/espana/368050/fabra-inaugura-en-castellon-un-aeropuerto-sin-aviones”). Políticos espoleados por el interés de mantener el estatus adquirido y de la clase social elevada que les permite comprarse los productos publicitados que con su valor añadido mantienen el prestigio búscado por el comprador. Sino el turrón 1880, el más caro del mundo, no tendría éxito. O los trajes de Valentino, serían igual de buenos que los mejores trajes de la firma Cortefiel. Hablando de trajes, mejor no acordarse de Francisco Camps. La publicidad apoya esa estructura, pues está basada en los valores añadidos, y por tanto, en las desigualdades derivadas de la estratificación de la sociedad según su estatus, y por consiguiente de su poder y su clase económica. A las marcas y al consumismo le interesa que exista conflictos, y que dentro de ese conflicto existan a niveles de clases económicas, para poder enfocar el mercado con productos para diferentes clientes y así no sobresaturarlo, así como a niveles de prestigio, para seguir dotando publicitariamente a las marcas de diferente prestigio y que no se imponga un mercado de marcas blancas que cerraría el mercado económico de oportunidades. En parte es positivo como todo. Gran parte lleno de negatividad este conflicto. Pero bien analizado se ve como es necesario para la existencia de un mercado capitalista que permita una mayor movilidad social basada en el talento. Talento enfocado en el negocio económico, pero que no siempre tiene que salir de un individuo el apoyo económico, sino que puede haber inversores.
Lo que sin duda debe ser controlado es la desigualdad de poder, para que siga existiendo en unos mínimos, pues la gente necesita de figuras que les dirigan, pero sin que esto suponga un conflicto irremediable para la estabilidad de un estado. Son necesarias esas “jaulas de hierro” para los ciudadanos, difíciles de destruir y de modificar, pues sin duda, si fueran de plástico ya estarían rotas. Sin embargo, la evolución debe reflejarse a nivel político para encontrar una aleación que no se pueda romper pero que permita modificaciones para que se adapate a las evoluciones sociales, en gran medida derivadas de las clases económicas, cada vez más equiparadas. Y esto, tal y como planteaba Platón, es mejor que se lo dejemos a un filósofo que halla dedicado toda su vida a la contemplación de la verdadera existencia, y no a seres que se mueven con el afán de obtener poder para mantener su estatus que consiguen gracias a la clase económica que les facilita ese poder que han obtenido y quieren mantener. La publicidad no debería servir para tapar las verdaderas intenciones de los dirigientes. Las tácticas publicitarias a nivel económico se mueven en la dirección correcta, pero a nivel político no. Y la culpa es de la propia política que se sustenta en bases económicas y no debería ser así.

La publicidad refuerza lo existente. Es la primera en enterarse que es lo existente, y puede inducir a cambios si hay fines económicos detrás. Pero no fue el atractivo económico de las mujeres lo que hizo que Mercedes dejara atrás el estereotipo de hombre de negocios para pasar al de mujer que conduce bien un coche deportivo (para vender que incluso las mujeres conducen bien un coche en principio tan difícil de conducir). 


Fue el posicionamiento de coche deportivo y manejable. No culpemos a la publicidad, lo único que hace es reforzar lo existente e introducir pequeños cambios que espolean futuros cambios mayores, pero si lo existente está sobre malas bases… 

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Joaquín Muñoz D'Ocón

lunes, 21 de marzo de 2011

Lupus est homo homini, non homo, quom qualis sit non novit


(Lobo es el hombre para el hombre, y no hombre, cuando desconoce quién es el otro)

Las desigualdades sociales son necesarias. Es una de las piezas fundamentales del engranaje que conocemos como sociedad capitalista o de consumo. Más bien podría decirse que somos las marionetas de algo mucho más elevado, un pequeño grupo de privilegiados exentos de responsabilidad que juegan con este mundo como quien juega una partida al Monopoly.

La mayor desigualdad mundial, que vemos pero no observamos, es la del tercer mundo. Un hecho que evidencia la transparencia del sistema capitalista, su heterogeneidad, su gran diferencia con el resto del mundo. Estamos informados de ello, sin embargo no ofrecemos ayuda ni solución alguna. ¿Por qué? Porque pertenecemos al regalo de Dios, a ese nuevo Edén que nos hemos construido, una tierra prometida a los hombres, sólo destinada al disfrute de unos pocos: El primer mundo. La mayor diferencia entre riqueza y pobreza es a la vez la base que da sentido a esta sociedad, la búsqueda del bienestar, es decir, la diferencia entre sobrevivir y vivir. La diferencia entre tener un sueño y poder o no cumplirlo, es la base de este sistema. Un sistema que manifiesta el carácter destructivo del alma humana, llegar al punto de crear y defender la razón que separa ambos mundos, las desigualdades sociales entre iguales, para sentirnos mejor que los demás y crear con ello un status social y un estilo de vida superior ¿Pero a qué precio? En definitiva, apalancar el poder y los recursos para uso y disfrute de unos pocos.

De igual forma sucede dentro de los límites de cualquier país desarrollado, pero en este caso la diferencia es casi imperceptible. Las esferas de poder pasan inadvertidas bajo las sociedades capitalistas y nosotros somos su gran creación, somos las piezas que construyen su mundo de ilusiones. Si la metáfora fuese un circo ellos serían el público, nosotros los artistas, que a la vez de trabajar damos luz y color a su vida, a su pantomima de lo que es el mundo. Y los países subdesarrollados no son más que pipas y currantes que únicamente son visibles cuando el público ya se ha marchado. Son figuras que trabajan en las sombras y no pueden ser vistos. Están apartados de la civilización, del conocimiento, y de toda oportunidad a formar parte del juego que es la vida.



Con las promesas del capitalismo nos sentimos a gusto, seguros y reconfortados, con la posibilidad en la mano de poder aspirar a una vida mejor, a esa élite de multinacionales y gremios de poder ajenos a la ley. ¿Por qué iba a conformarse el hombre con sentirse igual a otros hombres después de haber intentado someter todo a lo largo de la historia? Buscamos saciar nuestros instintos primitivos y el sistema capitalista nos lo ofrece en bandeja de plata. Únicamente tenemos que acatar las normas del mercado, el poder de las multinacionales y la especulación. Al final de nuestras vidas vemos como esa esperanza se deshace entre las manos y comprendemos que no vive mejor el que más trabaja, sino aquel que más dinero alberga y tiene poder para manifestarlo directa o indirectamente  a la sociedad. Por último entendemos que únicamente es cuestión de poder: poder económico, poder social, poder adquisitivo; un lobo con piel de cordero, que nos da esperanzas y un objetivo en la vida que a medida que pasan los años se convierte en una crisis de valores, una decadencia.

Él hombre es un lobo para el hombre, dice Hobbes.



Pese a todo, es el sistema en el que vivimos, la realidad en la que vivimos. Y es en este punto donde entra la publicidad. Una herramienta de poder con dos fines: mantener la riqueza y apartar la mirada de todo aquello que pueda arrebatársela. Mientras tanto nos ofrece un mundo fuera del caos, con un sentido y un objetivo mezquino, con algo en qué pensar y con qué entretener nuestra vidas, pero con un alto precio a pagar por ser felices: la ignorancia y nuestra ignorante sumisión. No caigamos en la mentira de la sociedad de la información y seamos críticos con el sistema. Preguntarse el por qué es la base del conocimiento, sin embargo nuestra sociedad ha sucumbido a los dogmatismos televisivos e institucionales, que nos mantienen informados en apariencia de lo que pasa o, mejor dicho, de lo que quieren que pase.



La sociedad es como los caballos ante una carretera transitada, donde el peligro ajeno nos acecha; el capitalismo son los anteojos que nos ponen y nos hacen sentir seguros llevándonos por el “buen” camino.


Rubén Gil Cebrián

BIENVENID@ A LAS NUEVAS CLASES SOCIALES: LOS TARGET

Hace un tiempo tuve la oportunidad de ver la película francesa "La clase" de Laurent Cantet, donde un joven profesor, bajo un argumento muy recurrido últimamente, intenta motivar a sus alumnos en un colegio situado en una zona conflictiva. El falso documental muestra un microcosmos que representa la pluralidad de la sociedad francesa y, en general, de la sociedad europea y norteamericana. Digo esto porque, salvo matizaciones, la película ejemplifica unas desigualdades existentes también en nuestro país: conflictividad, bajos recursos, un acceso muy limitado al conocimiento y un choque de culturas llevado al máximo.
En nuestro querido país ibérico tenemos una cultura muy "nuestra" y en líneas generales nuestro nivel cultural dista mucho de acercarse al europeo; predomina una sociedad con un gran porcentaje de la clase proletaria, una clase proletaria que, al igual que todo el país se ha creído durante unos largos años que estábamos en la élite mundial y que ahora, con la tan nombrada crisis, ha visto como no dejan de resurgir las carencias de nuestra sociedad. Nos hemos basado en el consumo puro y duro, con alguna que otra reforma social y ligeras leyes de apoyo a las clases más bajas, con la constante esperanza de que aunque seas proletario, o ni siquiera eso, puedas salir de esa clase en la que te "colocaron" sin ni siquiera desearlo, todo gracias a los "logros personales". Nuestras clases sociales son más cerradas de los que nos quieren hacer creer; en lugar de cambiar la cultura y comenzar a trabajar como un país unido, la política actual se llena la boca con palabras de apoyo y propaganda barata cada vez que suben un mínimo porcentaje los impuestos de los más pudientes, pero diciendo por lo bajini que, aunque no nos guste, lo pagaremos con especial cariño los proletarios, cada uno de esos ciudadanos que, citando al grupo SKA-P, pensarán: "No tengo un puto duro, pero sigo cotizando a tu estado del bienestar".

Pero, ¿dónde está el problema? No es un problema que haya causado simplemente el capitalismo, la raíz se halla en la falta de conocimiento. Es un maldito bucle: si no tienes dinero no puedes culturizarte, si no te culturizas, te estancas, si te estancas, te frustras y sigues en el mismo punto en el que comenzaste, ¿y cómo no? La publicidad alimenta este círculo cerrado. La cultura es un derecho, no un privilegio, pero como ya sabemos, el capitalismo no habla de derechos, ni siquiera la pseudo-democracia en la que vivimos.
Pero muchos dirán que con la aparición de otras culturas se podría cambiar las carencias que tenemos cada uno: si se mezcla como se tiene que hacer, perfecto, pero sino, caemos en un abismo de incoherencia, intolerancia y desigualdades extremas, haciendo que ese gran porcentaje de inmigrantes que viven dentro de nuestras fronteras se integren automáticamente en las clases más bajas, que lleguen con la etiqueta de escoria; y es que el ser humano necesita creer que hay alguien por debajo de él... mientras que la publicidad te dice todo lo contrario: siempre hay alguien mejor que tú, ¿no quieres intentar cambiar eso? ¿No te cansas de ser infeliz? Visto esto, me remitiré a lo dicho en mi anterior entrada: la publicidad maneja nuestras vidas, nos entretiene y nos distrae buscando una meta banal mientras que "alguien" se beneficia de nuestra dispersión mental, de nuestra ignorancia y superficialidad. Para muestra un botón: una diferencia que se ha convertido en una desigualdad: la obesidad o el simple hecho de "tener unos kilitos de más".

Puede sonar un poco extremista, pero intentaré explicarme. Queda claro que la constitución física es una diferencia y que salvo casos de salud física no debería importarnos más allá de lo que es: algo que nos diferencia, ¡pero se hizo la luz! ¡Llegó la publicidad! La publicidad ha creado un estereotipo de mujer (u hombre en menor medida) joven, caucásica y de 90-60-90 en el más optimista de los casos. Una mujer que, aunque en muy contadas ocasiones sea afroamericana o no esté en los huesos por pura propaganda barata, hacen que quieras imitar, por mucho que tú siempre te hayas visto bien, por mucho que un endocrino le diga a tu hija que está perfecta y por mucho que estés sufriendo por parecer una modelo. Nunca estarás perfecta, anuncios y anuncios de cremas anti-celulíticas, de barritas dietéticas y de aparatos carísimos de gimnasia te recordarán diariamente lo mucho que deberías llorar al mirarte al espejo. Esa diferencia se convierte en desigualdad cuando, como dice la definición de esta última: es una condición que te proporciona un acceso desigual a recursos y servicios; y para mí es una desigualdad que una mujer con unos kilos de más nunca sea una ciudadana de primer nivel, nunca logre puestos de trabajo que otra que se rindió a la publicidad y que nunca llegue a ser de la "jet set", aunque en un principio era algo que no quería, hasta que apareció la publicidad y dominó su mente y sus ideales. Así que sí, la publicidad refuerza estereotipos y adscribe a la gente a una clase social, dependiendo de en qué anuncios sea público objetivo.

No nos olvidemos que hay diferencias, el problema está cuando se convierten en desigualdades, no importa si son causadas por religión, por tradición o por leyes; si alguien piensa lo contrario me gustaría escuchar lo que tiene que decir sobre las castas indias... ¿favorecen una sociedad de crecimiento y, sobretodo, moral? Yo creo que no.


Leticia Soler López

¿DESIGUALDAD O MIEDO SOCIAL?

Dentro de la sociedad española podríamos hablar de diferentes tipos de desigualdades que se dan en la misma. Pero hay un tipo de desigualdad que marcó a la sociedad y que la sigue marcando. Esta desigualdad esta está promovida por los medios de comunicación, medios sobre los cuales los publicitas nos movemos en ellos día a día.

Para hablar de esta desigualdad, miraremos hacia el pasado, exactamente hacia el 11 de marzo del 2004, cuando en la estación de Atocha (Madrid) tuvo lugar unos de los atentados más graves en España, que marco a la sociedad española y que hoy día sigue en la memoria de muchos españoles. “Gracias” a estos atentados la sociedad española comenzó a tener miedo y a desconfiar de todas las personas cuyos rasgos raciales procedían o se asimilaban mucho a los habitantes de los países musulmanes, es decir, la sociedad española se negó a aceptar dentro de sí misma a cualquier persona musulmana o de origen musulmán.

Todos estos hechos lo que ha propiciado es que hoy en día la sociedad se tenga miedo al ver a una persona de los países árabes con una mochila o que simplemente tirando algo a una papelera, porque les viene a la memoria los recuerdos de estos atentados. Y esto lo que genera es un miedo social, un miedo que se puede llegar a convertir en un miedo racial y por lo tanto derivar a un racismo hacia una sociedad (la musulmana) que no beneficiaria a ninguna de las dos sociedades, ya que una necesita a la otra y aún más importante, no debemos encasillar ni discriminar si no queremos ser encasillados o discriminados.

Por todo esto, creo que, como publicistas y como conocedores de los medios de comunicación y sabemos como estos pueden llegar a influir dentro de la sociedad, por lo que deberíamos ser nosotros quienes intentáramos poco a poco modificar esa falsa percepción y así intentar cambiar, al menos, esa desigualdad en la estructura social española.

Juan Luis Peris Girona.

domingo, 20 de marzo de 2011

Ideas en la Sociedad

La publicidad como ya he dicho otras veces al estar presente en nuestra vida nos ha afectado. Por lo que me centraré en los anuncios de hace años. Por ejemplo en mi anterior entrada el anuncio de cola cao, nos enseño de niños y a los adultos cosas o conceptos que se nos han pasado por alto pero que pueden a ver arraigado. Hablare de un punto un poco extremo y esto por suerte ha cambiado hoy en día o eso espero.
En el anuncio de cola cao se nos enseñaba a la población de color trabajando al sol, cargando con sacos y cestos. ¿Qué nos enseñó eso? Que la población negra estaba para servirnos de alguna manera, y se adivina una clara explotación. Además esto se junta con que en la España profunda no se veían muchos negros pero si los había eran trabajadores que ganaban una ridiculez de jornal. Es decir estaban en el escalafón más bajo de la sociedad.
¿Cómo arraigo este mensaje en nuestras mentes?
Se nos presentó o se quería presentar una imagen de superioridad blanca en la sociedad, algo normal en ese tiempo. Esta conclusión nos deja clara diferencia existente en la sociedad.
En los anuncios de hace años también era típico ver una nuncio machista, permitidos en la aquel entonces. ¿Cómo ha afectado esto en nuestras mentes? Se tomaba como algo normal, nada extraño porqué además si se veía en la tele era cierto. ¿Es la tele la que se ha movido con la sociedad o es la sociedad la que ha se movido con la tele? Está claro que no conocemos la respuesta, pero lo que sí está claro, es que nos ha afecto de alguna manera. Sobre todo cuando no se daba a conocer otra cosa y por lo tanto no se planteaba que eso fuera ilegal.
Es curioso como cosas como la igualdad entre razas y sexos que nos es tan familiar y que es normal en nuestra vida “o eso espero también”, como conceptos tan básicos ahora mismo, fueran burlados antaño en la televisión. Y como entonces ni nos dábamos cuenta que estábamos viendo tales conceptos. Por lo que yo os animo a pensar en anuncios o incluso cuentos, pelicular, periódicos de veinte año atrás y veréis la diferencia. Y seguro que encontráis también cosas chocantes aunque nos sean lo extremos comentados. ¡Gracias a todos!
Victoria Sampietro Tolosana.